HOY VIVE DE CRISTO POR MEDIO DEL SALMO RESPONSORIAL

SALMO RESPONSORIAL

Día 2 de abril, domingo V de Cuaresma, ciclo A
Salmo 129, 1-2. 3-4ab. 4c-6. 7-8.

Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa


Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor escucha mi voz:
estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.
Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora.
Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa;
Y El redimirá a Israel de todos sus delitos.

El 5º domingo de cuaresma es el pórtico de la semana de “Pasión” nos acercamos al solemne triduo pascual, este es el último domingo de este tiempo, y todas las lecturas nos hablan de VIDA: la vida que Jesús nos ha prometido, nos ha conseguido y a la que nos alienta. Una vida nueva que recibimos del Espíritu Santo, por los sacramentos que Jesús ha instituido. Hoy Marta hace que Jesús proclame: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí no morirá para siempre”.

Ezequiel, en la 1ª lectura, nos habla de sepulcros cerrados que Dios mismo abrirá, y de los que sacará al pueblo que estaba viviendo en el destierro, con una vida mortecina. Había perdido la esperanza y estaban desanimados, pero Dios mismo tiene una palabra de ánimo que les hace llegar por medio del profeta: “Os llevaré a vuestra tierra…” Vivían en el cautiverio, exiliados, en una tierra extranjera (en esos sepulcros, lugares de muerte) y Dios les anuncia la libertad y la vida: “yo mismo os sacaré de vuestros sepulcros”, el pueblo reconocerá su responsabilidad y sus pecados que les han llevado a esta situación, y sobre todo reconocerán que Dios está con ellos salvando. Así infunde el Señor la esperanza de una vida nueva. Respondemos con el salmo 129: “Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa”

El salmo 129 (130) es un salmo de súplica individual. El salmista pide perdón de sus pecados y es, a la vez, un canto de esperanza. En la liturgia cristiana está clasificado como uno de los 7 salmos penitenciales y es el que se recita en las exequias de los difuntos ya que tiene más matices de esperanza, porque su meta es Dios que perdona y redime, que sentimientos de culpa; aunque si le asociamos sólo a los entierros en los que hemos participados hace que no profundicemos en la oración tan esperanzada que es.

Los versículos 1-2 corresponden a la invocación que pone al orante en contacto con Dios. Habla “tuteando” al Señor.

Después viene la petición de perdón por los pecados, podemos decir que expresado en forma de porfía (v. 3-4)

Finalmente está la expresión de la esperanza personal que se abre a todo el pueblo (v. 5-8)

Aunque lo que se pide es el perdón de los pecados tiene en los tres momentos la intención de persuadir:

- A Dios para que le escuche.
- A sí mismo de que Dios escucha y perdona
- A todo el pueblo de lo mismo: que Dios escucha y perdona, y en cuya presencia habla el orante con Dios.


El autor del salmo se dirige a Dios para entablar diálogo con El y es consciente de la distancia y la diferencia de estado expresado en este “desde lo hondo” tan gráfico. Es símbolo físico y es expresión de lo interior, desde las entrañas, desde lo profundo, desde el alma ora hacia afuera buscando a Dios y su perdón. El salmista habla sólo de pecado, del sentimiento de culpa y deseo del perdón; haciendo ver a Dios que todos los hombres son pecadores y necesitados de perdón, así da a la petición un tono universal, por eso todos podemos identificarnos y orar con este salmo. Por el perdón, Dios se hace respetar, lo que lleva al orante a amarle y servirle.

El perdón suprime las distancias que separan de Dios y crece así la esperanza en las promesas llevando al salmista y a todos los que oramos con este bello poema, a la liberación y a la paz. Lo que el poeta autor espera de Dios es lo que esperan todos, ha dado un tono universal a su súplica, por la que el afligido por el pecado de toda época y latitud, puede encontrar en este salmo la expresión de su vivencia. El sosiego y la paz es lo que sigue a las culpas perdonadas y es lo que se pide en la liturgia de difuntos cuando se incluye en ella.

San Pablo nos dice que el pecado hace que el cuerpo esté mortecino, pero si tenemos el Espíritu, El revivirá nuestros cuerpos mortales. La fe en Jesús nos infunde su Espíritu y nos lleva a gritar con el salmo “desde lo hondo” y a experimentar el perdón de Dios.

En el Evangelio vemos a nuestro querido Jesús, que tenía amigos con los que estaba a gusto y a los que acompaña en sus penas. Hay una relación de confianza a la que nos llama, porque somos también sus amigos. Dice: “Lázaro, ven afuera” Jesús está fuera de los sepulcros en que morimos y nos llama a salir para tener junto a Él, VIDA.

Hoy hemos de concluir la Eucaristía con un firme: “SI, SEÑOR, CREO QUE TU ERES EL MESÍAS, EL HIJO DEL DIOS VIVO”, y ábrete a recibir la gracia para vivir en coherencia con esta fe.

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