LA PROMESA DEL ESPIRITU SANTO

5 Pero ahora me voy a Aquel que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: "¿Dónde vas?" 6 Sino que por haberos dicho esto vuestros corazones se han llenado de tristeza.

7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré:
8 y cuando él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio;
9 en lo referente al pecado, porque no creen en mí;
10 en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis;
11 en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado.
12 Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello.
13 Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir.
14 El me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros.
15 Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros.
(Jn. 16, 5-15)

Jesús, en la Ultima Cena con sus discípulos, se reveló claramente ante ellos como Dios, que habita eternamente con el Padre que lo ha enviado al mundo, para salvarlo del pecado, de la muerte y del poder de Satanás que tenía bajo sí esclavo al hombre.

En esta noche solemne les habló abiertamente de otra realidad divina: el Espíritu Santo, que es uno con El y con el Padre. El Espíritu Santo es el amor entre ambos, quien les une entre sí y a quien deja entre sus Apóstoles después de su marcha “a donde estaba antes”. Pero el Espíritu Santo, enviado por Jesús, continuará su obra en ellos y en la Iglesia, que el Señor deja “desamparada”. Por ello, será el Consolador, el Abogado que los defenderá de las insidias del Diablo; será su fuerza y apoyo, el que les rebele todo lo que Jesús les dijo en su predicación y que entonces no podían entender gran cosa. Ahora les recordará las Palabras de Jesús y se volverán luminosas y divinas, llenas de su unción, tanto que con sólo pronunciarlas con fe convertirán a muchedumbres, porque serán capaces de tocar los corazones.

También, es la Verdad de Dios y, por tanto, guiará los corazones de los Apóstoles hacia la Verdad plena: que es el Misterio y la Persona de Jesús. Pues aún conviviendo con El día a día no le conocen: “¿tanto tiempo viviendo con vosotros y aún no me conoces Felipe?. Quien me ha visto a mí, ha visto el Padre”. Conocerle a El y conocer al Padre es todo uno, porque ambos están y viven uno en el otro…

Y el Espíritu Santo convencerá al mundo del pecado de matar al Hijo de Dios por instigación del Diablo. El hombre es duro para reconocer su culpa; pero si no hay arrepentimiento, tampoco puede llegar a nosotros la Misericordia del Padre. Y esta compunción es una gracia alcanzada por Jesús, por su Pasión, Muerte y Resurrección.

Si no conocemos a Jesús y lo amamos quedamos excluidos de la Salvación y esto sería nuestra propia ruina… Y muchas, muchas más cosas que Jesús quiere revelar a sus discípulos. Pero lo hará poco a poco, con su Espíritu Santo, porque ahora no pueden con todo ello…

Cuando les invada el Espíritu, el día de Pentecostés, los guiará hasta la Verdad plena. Verdad que procede del Padre, está en el Hijo y revela el Espíritu Santo…

Pero todas estas promesas de dones tan altos no serán sólo para los discípulos, sino también para los que por su palabra creerán en Jesús y serán henchidos del Santo Espíritu. Así comenzó la iglesia de Cristo y así seguirá hasta el fin de los tiempos, cuando Jesús venga a recapitular todas las cosas en El, al fin del mundo…

Espíritu Santo, Espíritu de amor, ven a llenar nuestras almas de tu suavidad y fuerza para ser testigos de Jesús entre los que te buscan y los pobres y extraviados…

También, danos a saborear lo que Dios ha preparado para nosotros, los que te amamos. ¡Amén, Amén!...

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