LLAMAMIENTO A LOS DISCÍPULOS: SIMÓN Y ANDRÉS, SANTIAGO Y JUAN.

14 Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios:

15 « El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva. »


16 Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores.
17 Jesús les dijo: « Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres. »
18 Al instante, dejando las redes, le siguieron.
19 Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes;
20 y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él. (Mc. 1, 14-10)

Después que Jesús fue bautizado y el Espíritu Santo bajó sobre Él y el Padre lo acreditó como su Hijo Amado, se fue a Galilea y predicaba la Buena Nueva de parte de Dios: la conversión y creer en el Evangelio que Jesús anunciaba…
Y paseando un día a la orilla del lago, vio a dos parejas de hermanos. Eran discípulos de Juan Bautista y deseaban seguir al Cordero de Dios que éste les había señalado: Santiago y Juan y Pedro y Andrés. Todos eran pescadores. Jesús les dijo: “seguidme”, y lo dejaron todo.

Hay un proceso en el seguimiento de Jesús. Lo primero es la iniciativa, que siempre parte de Él y no de nuestras ganas o deseos: “Seguidme” o “vente conmigo” o “ven”. Y los que oyen su voz, la escuchan y empiezan por dejar todo: sin familia, sin trabajo, sin bienes de posesiones, a los que los hombres les dan el título de “seguridades para el porvenir”, sin nada más que estar al lado de Jesús y aprender de Él como un pequeño discípulo. Esto conlleva la conversión de vida que es inmediata y sin cálculo alguno, porque el amor no planea, se lanza hacia el objeto amado: Jesús; porque sabe que Él va a colmar todos nuestros anhelos y deseos.

Dice un santo Padre que “la lentitud en el servicio, es ajena a la gracia del Espíritu Santo”. Por esto van con rapidez, sin demora, ya, ahora… Y por último, se acoge con ansia el Evangelio que Jesús nos trae, porque está impregnado de amor y unción divina. Con fe se responde a esta Buena Nueva y con ella quedamos santificados.

Y estos discípulos, después de un catecumenado con Jesús, se van identificando con Él hasta poder exclamar como Pablo: “Ya no vivo yo, sino que es Cristo quién vive en mí”. Y llegar a morir su misma muerte, para llegar a resucitar como Jesús de entre los muertos y sentarse a la derecha del Padre…

Los doce discípulos son paradigma para todo cristiano, y, por tanto, para todo llamado, y todos los somos, según la vocación de cada uno. Pero los elementos del seguimiento son comunes para todos y Dios da la gracia, y con amplitud, para cumplir su voluntad y llegar a la vida eterna, para gozar de la Gloria de Jesucristo.

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