CURACIÓN DEL JOVEN CON ATAQUES

14 Cuando llegaron donde la gente, se acercó a él un hombre que, arrodillándose ante él,

15 le dijo: « Señor, ten piedad de mi hijo, porque es lunático y está mal; pues muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua.
16 Se lo he presentado a tus discípulos, pero ellos no han podido curarle. »
17 Jesús respondió: « ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo acá!
18 Jesús le increpó y el demonio salió de él; y quedó sano el niño desde aquel momento.
19 Entonces los discípulos se acercaron a Jesús, en privado, y le dijeron: « ¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?
20 Díceles: « Por vuestra poca fe. Porque yo os aseguro: si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: "Desplázate de aquí allá", y se desplazará, y nada os será imposible. » (Mt. 17, 14-20)

Este hombre que se acerca a Jesús está angustiado de ver sufrir a su hijo, a quien ama tanto. Y el sufrimiento grande nos hace poco razonadores y más confiados en acudir a dónde podría encontrar la salud a mi mal. Me hace arrodillarme ante Jesús y pedirle humildemente la salud y la liberación de mi sufrimiento.

La fe surge en este contexto: La humildad y el reconocimiento de que en Jesús está Dios y lo puede todo.

Este hombre reconoce que los discípulos no son como Jesús. En ellos no actúa la fuerza de Dios para echar fuera ese demonio. Pero Jesús es poderoso en obras y en milagros, por ello insiste que “tenga compasión de su hijo”.

Quisiera Jesús en todos nosotros una fe como la de este hombre, pero nuestra fe es muchas veces fría y muy pequeña como para arrancar de Dios su misericordia… Como es don del cielo, tenemos primero que pedirla insistentemente, como la viuda inoportuna al juez inicuo. Arrancársela a Dios: ¡creo, pero aumenta mi fe! Y al mismo tiempo, alejar de mí, todos los ídolos de la razón: la desorbitada seguridad en mí mismo y en mis valores, que son la mayor parte de las veces deseos: la autosuficiencia, creyendo que no necesito de los hermanos; buscarme yo mi vida y lo que me conviene y no contar para todo con Dios; y ante la limitación y el sufrimiento sumirme y recomerme en la tristeza y en los por qués y no acudir a mi Papá-Dios que puede hacer conmigo mejor que todo lo que yo puedo imaginar…

¡Dame esta fe, Dios mío, Jesús!

 

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