DIOS AMA MUCHO AL MUNDO

13 Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre,
15 para que todo el que crea tenga por él vida eterna.
16 Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
17 Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. (Jn 3, 13-17)

“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo Único, para que creyendo en Él, tengamos vida eterna”.

Dios nos ha amado excesivamente, misterio éste para no ser comprendido sino adorado. El amor de Dios, principio y fuente de todo amor, hace estas locuras y si no las hace es que no es el amor de Dios, sino una caricatura, que es en sí, búsqueda de sí mismo y no del ser amado…, pero ¿cómo puede amar lo más a lo que es minúsculo y a veces feo y sucio?. Porque Él es Don. Don a lo que primero creó con amor: a su criatura. Y como lo más es feliz desbordándose en lo menos, por eso “Dios se ha derramado, con exceso, en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido regalado…”

Porque nosotros no somos así, sino muy celosos de retener lo que creemos nuestro, este amor de Dios, nos descoloca. Quisiéramos meterlo en nuestra pequeña cabeza y Él se resiste a ser encapsulado y estrechado en nuestros mínimos límites… Pero en esta penuria humana, la voluntad nos auxiliar y nos dice: “ama y haz lo que quieras”, y a lo que nos conduce no es a entender, sino a adorar.

Ahora, es caer rendido sin resistencias y con mucha paz. Alegrarse de que Dios sea Dios y todo lo haya hecho tan bien; es vivir en continua acción de gracias que nos devuelve a Dios, de quien tuvimos el ser y el origen de ser hombres. Él es y nosotros no, pero lo poco, se alegra secreta y públicamente de que “exista lo mucho, la plenitud” ¡y tan buena y pura en su ser!. Y este acto de donación es elevarse Jesús en la cruz para invitarnos a creer en Él. “Si no me creéis a Mí, creed a las Obras” que yo hago de parte de mi Padre. Y la obra por excelencia es su amor hasta dar la vida clavada en una cruz…

“Creo Señor, pero aumenta mi fe, día a día”. La medida de mi fe es el peso de vida eterna que me está esperando.
Seamos hombres y mujeres de fe y no tanto de pensamiento inquisitivo… ¡Rindámonos al Amor, porque Él se rindió y abajó primero!

Dios ama mucho al mundo 2

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