LA VENIDA DEL SEÑOR

42 « Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

43 Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa.
44 Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.
45 « ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo?
46 Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así.
47 Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda.
48 Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: "Mi señor tarda",
49 y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos,
50 vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe,
51 le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Hay muchas cosas en nuestra vida que son inciertas: Si nos sonreirá la vida con sus gozos, si tendremos buena o mala salud… Todo esto, Dios lo sabe y nosotros no; pero de lo que Jesús no quiso que estuviéramos ignorantes es de que habrá un día en que vendrá y por esto nos lo reveló muy claramente, como les reveló a sus discípulos que habría de sufrir mucho a manos de los hombres, que le matarían y que al tercer día resucitaría…
Y nosotros, con la noticia de que vendrá a juzgarnos, nos comportamos un poco como Pedro que le dijo a Jesús: “Eso no puede pasarte, no será”. Pero lo que dice Jesús, se cumple siempre, porque es Palabra de Dios...
El nos pide para ese momento que velemos, que estemos vigilantes en oración. “Velas y orad”.
No pensemos que tarda, porque eso no es cierto… Cualquier momento es muy bueno para estar vigilante, para estar consciente de mi vida ante Dios.
Dice un Santo Padre que “a la tarde de la vida, nos examinarán en el amor. Es sólo el amor el que ahuyenta todo temor. “Dios es amor” y estando pegados a Él y a su voluntad sabemos que amamos, éste es su único mandamiento.
Entonces su venida cierta, no sólo, no nos creara temor sino que estaremos con vigilancia alegre y expectante. El que ama, todo lo convierte en amor y el Amor. Jesús, será esperado con ansia y acción de gracias.
Danos Señor este espíritu de espera, por la posesión de Jesús.

 

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