OLVIDO DE SI MISMO

24 Entonces dijo Jesús a sus discípulos: « Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.

25 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará.
26 Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?
27 « Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
28 Yo os aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino. » (Mt. 16, 24-28)

 

La vida de un solo hombre, para Jesús, vale más que el mundo entero y así ha de ser para nosotros. Nuestra vida, nuestra alma y espíritu, valen más que todos los reinos y las riquezas del mundo.


Malograr la vida por buscar los bienes efímeros de este mundo, es un suicidio que nos deja sin entrar en el mundo eterno de Dios. Y dando un paso más: para seguir a Jesús hay que perder la vida, olvidarse de uno mismo. He aquí el radicalismo evangélico.


Y todo en vistas a la vida eterna, porque el que entrega todo su ser a Jesucristo y le sigue donde él fue primero: a la cruz y con la cruz, entonces, en el Reino de Dios, vera infinitamente centuplicado su ser y todos sus bienes...
Lo que Jesús nos está diciendo es que esta vida es sólo un paso, algo efímero. Lo definitivo es la eternidad con Jesucristo, con el Verbo, con Dios. Pero esta vida es muy importante porque en ella se nos da ya introducida la vida eterna.


Y aquí entra ya el juego la fe. “¿Crees que te puedo regalar el cielo? ¿Crees que tu vida y tu cuerpo vale tanto a mis ojos que yo lo resucitaré en el último día?”: “Sí, Señor, yo creo que tú eres mi resurrección y mi vida porque creo que tú eres el Hijo de Dios, que con tu amor nos has liberado de la caducidad del pecado y de la muerte”.
Esto es “perder la vida” y ganarla para la vida eterna...

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