NUESTRA VIDA: UN PASO HACIA LA ETERNIDAD. UNIDOS A CRISTO EN LA VIDA Y EN LA MUERTE

Todas las culturas y las distintas épocas se han situado ante la muerte como delante de un enigma sin resolver, ¿Por qué se nace? ¿Por qué se muere? ¿Dónde se va después de muertos? ¿El hombre nace para morir? ¿qué es la muerte? En Cristo todas estas preguntas encuentran respuesta...

“Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato”. Sal 89

Un hombre que se declaraba no creyente, le confiaba un día a un amigo sacerdote: «Yo no frecuento la iglesia. Pero a veces, con ocasión de la muerte de algún conocido, tengo que ir al cementerio. Allí escucho a los sacerdotes o a los pastores. Dicen: “Este hombre o esta mujer resucita¬rá”. Yo miro a la gente que está alrededor. Nadie se sobre¬salta ni se inmuta. Y yo sé que son creyentes. Yo que no creo en esa locura, me digo entonces a mí mismo que si creyese habría tenido un terrible shock. ¿Entendéis? Habría que ponerse a gritar, a saltar, a romper con todo aquello que se hacía anteriormente. Si creyese, soltaría un ¡Hurra!, un ¡Viva! que se oiría hasta en los confines de la tierra. Y, en cambio, todo esto no les dice nada a ellos y cada uno permanece impasible en su sitio.”

Tengamos clara una cosa: El hombre no nace para morir, sino que en Cristo cuando nace es para vivir la vida eterna. Cuando Cristo muere por todos en la cruz, salda toda nuestra deuda del pecado y nos abre las puertas del cielo, porque muriendo ha destruido la muerte y el último paso de esta vida a la otra se convierte sólo en un tránsito a la vida eterna.

Sólo la fe en la Resurrección en Cristo trae a nuestras vidas esta esperanza ante la muerte y con total certeza podemos repetir como San Pablo: “: La muerte ha sido devorada en la victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ... Pero ¡gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!” I Cor 15, 55.57
Tres muros de separación nos alejaban de Dios, el de la naturaleza, el del pecado y el de la muerte. En Cristo los tres muros son destruídos, el de la naturaleza lo derriba Cristo en la Encarnación, haciéndose verdaderamente hombre y pasando por las mismas cosas que nosotros pasamos. El muro del pecado fue abatido por Cristo en la cruz, allí fue clavado nuestro pecado y por ello murió en la cruz. Y el muro de la muerte que fue destruído por Cristo cuando Dios Padre lo Resucitó y lo sentó a su derecha. Existe un solo y verdadero remedio para la muerte: Jesucristo. Asumamos la grandeza de Jesucristo, asumamos, que es la esperanza, que nos regala la vida eterna. Veamos la muerte física como un paso, como el tránsito hasta Jesucristo!
Fijémonos en la misa, y detengámonos en el momento de después de la consagración, todos decimos: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección. Ven Señor Jesús.” En el tema de la vida y de la muerte como en todo, el protagonista principal es Cristo, por eso lo importante no es que nosotros tengamos que morir sino el hecho de que Cristo ya ha muerto y Resucitado, “creemos que Jesús murió y que resucitó” 1 ts 4,13-14 por eso en la vida, el mayor problema no es vivir y morir sino vivir para uno mismo y no vivir para el Señor. Si uno vive en Cristo y muere en Cristo desaparece todo temor en el tema de la muerte, y ésta es sólo la puerta para un encuentro, un abrazo con el Amor. Solo con nuestro convencimiento de que nuestra vida es un paso, una puerta que se abre tras la muerte, dejaremos de sufrir y angustiarnos por este concepto de vida y muerte tan limitado que muchas veces tenemos.

El problema es el mismo que Jesús le plantéo a Marta: “yo soy la Resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá.... ¿...Crees esto?” Lo que cuenta es la fe. Jesús resucitado nos repite a cada uno de nosotros aquello que un día le dijo a Marta: “Yo soy la re¬surrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?” Dichosos aquellos que creen poder responder, por gracia de Dios y desde lo profundo de su corazón: “Sí, Señor, creo”. Jn 11,21-26

Y tu: ¿Crees en la muerte y la Resurrección de Cristo? “Porque, si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo.” Rm 10,9
(Este artículo está inspirado en un libro de Raniero Cantalamessa llamado Hermana Muerte)

Feliz mes de noviembre y feliz día de todos los santos, celebra a tus seres queridos que pasaron ya a la vida eterna en compañía de nuestro señor Jesucristo. Sor Aroa O.P.

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